Sandokán es metonimia

A veces ocurre que los personajes superan a las personas, que el teatro y la comedia humana mejora con creces la farsa de la vida real. Cuando yo era chico algunos sábados veía lo que ponían en la tele, y una de las cosas que ponían en esa máquina era una película en partes sobre un pirata aventurero de Malasia que se llamaba Sandokán, creado por el gran Emilio Salgari. Claro, por entonces todos los chiquillos querían ser alguien intrépido que besara chicas, disparara algo o comiera carne cruda, y que saliera en la tele el sábado, Curro Jiménez, Orzowei, Pippi Langstrum, o ese payo malayo arrebatador de melenas y turbante. Pues resulta que por su parecido con el simpar pirata asiático apodaron en Córdoba como Sandokán a uno que era joyero y luego hizo pisos en Marbella o algo así, y luego fue concejal en su pueblo, y así sucesivamente.


Y ahora resulta que dices 'Sandokán' en la calle y a quien no conocen es al Tigre de Malasia, el concejal (o lo que sea eso) le ha robado el personaje. Y entonces es cuando reconozco que su explicación de cómo llegó a hacerse rico y a representar al pueblo sin leer un sólo libro en toda su vida es la mejor performance artística que he visto nunca. "Lo que me puedan decir los libros, o lo sé ya porque lo he aprendido antes de la vida, o es mentira", dice el crack cultural, mientras rima en su boca 'coño' con 'otoño'. En la quema de la biblioteca de Alejandría actuaron con la misma lógica.

Es mi ídolo, lo digo en serio, quiero ser como él: elegante, seguro, sensillo, como de pueblo pero mejorao.

Tomen ejemplo vds. y dejen ya de leer, hagan como Ese Hombre, háganse millonarios con su experiencia en la Universidad de la Vida, y disfruten de sí mismos: maduren ya.