Vela en tierra

Hace casi un año planifiqué, con su maqueta y su estudio geográfico, la instalación de un toldo de vela en mi terraza, que nos guarneciera (bello y antiguo verbo) de los calores a partir de la primavera hasta el principio del otoño, porque aquí en Villafranca el solano se ensaña sin misericordia.

Mi amigo Iván, aplicando sus conocimientos en el área de la escalada deportiva, me ha hecho prácticamente en un pis-pas (y con mi inestimable ayuda, no nos confundamos) la instalación de un velamen que ya lo quisiera el ballenero Pequod del capitán Ahab a la caza de Moby Dick, una vela triangular de cuatro metros capaz de tumbar un mulo de cuatro cuartas por cabeza, con sus mosquetones, sus muelles de extensión, sus cuerdas dobles y sus enganches, en fin, un toldo de verdad para que las criaturas puedan pasar unos meses más o menos protegidos del dios sol, que por aquí pega bastante. Todo por 30 € de vellón, que es lo que cuesta el velamen, los mosquetones, los tornillos de pared, etc. El warrington y el trabajo del amigo que lo instala van aparte, pero yo creo que está muy bien de precio. 30€ te lo gastas en yogures del chiquillo, y sigues teniendo el mismo calor. No corta el mar, sino vuela, un velero bergantín.






Y lo que me gusta esto de llevar a cabo los sueños, eso no tiene precio. Ni los amigos tampoco.