Por qué Marco es mi avatar

Muchas personas de buena reputación me preguntan compungidas la razón última de que una persona tan seria y elegante como yo haya elegido un emblema-imagen tan de mentira e infantil como Marco. Voy a contestar, no tendría por qué hacerlo según la constitución española de 1978, pero mira tú, sí, voy a desvelar este secreto que hasta el día de hoy era casi más inescrutable que el sexo de Bibi Andersen, la fórmula del McDonalds o la carne de la Cocacola o lo que sea eso, que me liao.

Marco con el mono
Dice nuestra amiga la enciclopedia británica del siglo XXI, la Wikipedia: "Marco, de los Apeninos a los Andes es un relato breve de ficción incluido por Edmundo de Amicis en su novela Corazón, publicada en 1886. Narra la historia del extenso y complicado viaje de un niño de trece años, Marco, desde Italia hasta Argentina, en busca de su madre, que había emigrado a aquel país sudamericano dos años antes. El relato aporta una cruda visión de la emigración italiana que tuvo lugar durante el siglo XIX, teniendo que dejar el desarrollado norte italiano, por un país del continente americano".

Anda que no es una buena historia como para no rendirle homenaje. Os voy a decir la cruda verdad. Yo tenía dos candidatos, los dos candidatos de ficción y ambos con un mono en la cabeza: Marco y Pippi Langstrump. Marco me pareció como más viril, no es porque yo sea un tio, Pipi me gusta más ideológicamente, pero tiene coletas. No sé. Por eso elegí a Marco.

PD para románticos: El mono de Marco se llama Amedio, el de Pippi, Sr. Nilsson. Los que no lo sabíais benditos seáis de puro jóvenes. Os lo digo por si os sale en un programa de la tele o en el trivial pursuit de los domingos por la tarde, pa que quedéis como Dios.