Muchas horas mirando maquinitas

Magnífica crónica del periodista argentino Axel Marazzi en la revista Anfibia sobre cómo los gigantes de las redes sociales han conseguido que pasemos cinco horas al día o más enganchados a sus plataformas, de manera natural, sin que nos sintamos agobiados ni culpables por ello. 



El escándalo del robo de datos de millones de usuarios que está sufriendo Facebook no es más que la punta del iceberg de la falta de conexión entre los dueños de las empresas y sus clientes, en un mercado en continuo cambio y de poca fidelidad. 

Y un poco de autocrítica, que nunca viene mal: los datos se robaron a través de una encuesta voluntaria. Pasamos horas y horas conectados a una maquinita que guarda automáticamente nuestros contactos, datos y contraseñas, y no se expiden carnets de conducir por estas autopistas.

http://www.revistaanfibia.com/cronica/cinco-horas-diarias-mirando-telefono/

Necesitamos historias

Entre tanta basura informativa, el relato de Manuel Delgado en TW sobre un perro madrileño de Navacerrada que más que pastor quiere ser actor nos alegra el día.

https://twitter.com/manueldelgado/status/948855695843176448

Tizón, el perro actor



Belleza

[The Art of Flying, de  Jan Van Ijken]

Cantidad

Llegaron los sarracenos
y nos molieron a palos
que Dios ayuda  a los buenos
cuando son más que los malos

La Era del Pellizco

Antiguamente la Historia diferenciaba la evolución de la humanidad en edades y eras: Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea, la Era de los Descubrimientos, la Era Industrial, y también la que más me gustaba de chiquitillo, la Era de Fanegas, que es donde jugábamos al fútbol hasta rompernos las botas.


Ahora estamos en otra era, la Era del Pellizco, que consiste en que para comunicarse todo el mundo le pega pellizquitos a cristales, aun teniendo a la otra persona al lado. Venga pellizcos, venga pasar el dedito palante y patrás. Me hago viejo. Como decía mi abuelo en una especie de palíndromo, somos más tontos que ajú ajú qué tontos somos.

Eficiencia probada de la Publicidad

En medio de una comida de negocios que dos comerciantes españoles hicieron en el otoño de 1995, en un restaurante de Madrid, uno de ellos le preguntó al otro:
-Antonio, dime francamente: ¿tú crees en la publicidad?
-¡Claro que sí! -contestó Antonio de inmediato-. Hace tres meses publicamos un anuncio en El País, solicitando un vigilante nocturno para el negocio, y esa misma noche nos robaron.

[Armando José Sequera: Vine, ví y reí, Debate 2006]

La isla de las lágrimas

A partir de la segunda mitad del XIX América se convirtió en la verdadera tierra de futuro para millones de europeos que huían de la miseria, la guerra y la intolerancia. Cientos de barcos cargados de migrantes llegaron desde Dublin, Bristol, Palermo, Nápoles, Riga, Marsella... A partir de 1892 el gobierno federal estadounidense estableció controles cada vez más férreos para entrar en el país. Esas inspecciones masivas se centralizaron en un edificio de la pequeña isla de Ellis, poco antes del puerto de Nueva York. Entre 1892 y 1924 llegaron a EEUU pasando el control de Ellis Island dieciséis millones de personas. Entre un dos y un tres por ciento era rechazado, por razones médicas o económicas principalmente, y tenía que volver a su lugar de origen. De ese dos por ciento de rechazados, tres mil personas se suicidaron allí mismo.

 George Perec visitó la isla en 1978 para escribir el guión de un documental que posteriormente se convirtió también en un librito que hoy he leído de un tirón, apenas 60 páginas. Cuenta la impresión que le causó la identificación de ese espacio de incertidumbre con la historia de su familia judía y la de todos los errantes del mundo, las masas condenadas a vagar eternamente en busca de un futuro distinto, mejor, vivible.

[George Perec: Ellis Island, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2004]


Atracadores

Cuando la policía llegó estaban todos los ladrones dentro, con sus trajes y sus corbatas, contando billetes. Llevaban allí desde que se fundó el banco.

Potos y resto de plantas

Lo de las macetas es un asunto que me ha pillado ya viejuno, pero que curiosamente me rejuvenece a cada paletada de tierra o a cada riego, porque permite escuchar a través de la paciencia al bicho, a uno mismo. Yo observaba, silencioso, a mi señora madre, cómo se lo curraba para que en cuaquier espacio y tiempo siempre hubiera algo de naturaleza o similar, algo verde y bonito. Pues vives con ello de forma natural hasta que echas en falta algo cuando ves que eso no es lo común, lo de cuidar plantas, y que requiere un aprendizaje y una motivación. Lo común es cemento o plástico, o en el mejor de los casos desierto. Ella me ha enseñando lo poco que sé de plantas, y se lo agradeceré ad vitam aeternam a la madre que me parió.




Tengo potos por toda la casa, en la pared, en la escalera, en la terraza, en sitios raros. El poto viene de Indonesia y Nueva Guinea, así que algo de agua les debe gustar, y si no es así te han engañao no es un poto, es plástico del malo. De vez en cuando los tengo que trasplantar, cambiar de tierra, etc. pero es trabajo elegante. Y lo enseño orgulloso, que pa eso estoy yo, y porque descubrir a cierta edad que hay cosas que no tienen precio ni valor, eso no tiene precio pero vamos, ni de cerca.

Cien años, tranquilidad

Cada vez que piso los restos de los raíles de un tranvía pienso en lo que nos hemos perdido con el imperio de la rapidez y la prisa, esa capacidad vital de la lentitud, esa fascinación por el detalle que proporciona la parsimonia, la costumbre de mirar con curiosidad el mundo.

Imágenes de 1906 tomadas desde el tranvía en Market Street, San Francisco, California.
Música de Arvo Pärt, Spiegel im spiegel

Aliméntate como ayer

Mejor como anteayer que como ayer, y mejor ayer que como hoy.
Procura comer chocolate negro 70, vino tinto, verduras crucíferas, tomate, cebolla, ajo, cúrcuma (añadiéndole pimienta negra), pescado azul, naranja, té verde, limón, frutos rojos del bosque, en fin, come de lo que vale y pasa de lo que no sirve.

Campiña

Cruce del Guadatín con el camino de Ategua, ocho de la mañana de un día cualquiera


Desayunar

Cortar el ayuno, eso es etimológicamente des-ayunar. El de esta mañana es especial porque me apetece que sea especial y porque hay un silencio espectacular en el ambiente: aceite de oliva virgen extra sin filtrar de la cooperativa de Brácana, esparcido de aquella manière sobre mollete blanco antequerano del horno Motor de Villafranca de Córdoba, con tomate de Alcolea y ajo de Montalbán, acompañado de zumito de naranjas de Palma del Rio.

Y a la incomparable luz de las ocho de la mañana de un día cualquiera al aire libre. La liberté ne s'achète pas.



Nuestro Mortirolo

Ya llevo dándole varios meses vueltas a la cabeza sobre el asunto de recopilar cosas que tengo escritas sobre ciclismo, sobre la soledad y el sacrificio que supone pedalear y subir cuestas tirando de una máquina de doce o catorce kilos, del sentido del esfuerzo y, sobre todo, del inmenso bienestar que produce, sólo comparable a subir una montaña con cuerdas y al límite del aguante humano.

Y esos desayunos épicos que nos metemos antes y después. Y esas risas. Y también las sensación de soledad y libertad que proporciona. Incomparable.








El Heraldo otra vez en la calle

A los 75 años de su incautación por falangistas, vuelve al kiosco una cabecera mítica de la prensa española, unión de los diferentes medios de comunicación que están surgiendo en este fin de media: InfoLibre, La Marea, JotDown, ElDiario.es, Líbero, Mongolia, etc.


Palabras de un sabio

"Mire usted, la educación que hay ahora es para crear productores y consumidores, nada más. En cuanto el niño empieza a hablar empiezan a indoctrinarle, a enseñarle el pensamiento único, el dogma. Las palabras clave del mundo oficial de hoy, lo que quieren que aprendamos son productividad, competitividad e innovación. Pero en vez de productividad, la palabra es vitalidad. Y en vez de innovación, es conservación. Y en vez de competitividad, es cooperación. Habría que pensar en asociarnos, vivir pacífica y apaciblemente en este mundo porque esta es la vida que tenemos que ejercer y desarrollar. Para mí, la educación sería rectificadora de la actual: educación que conduzca a saber vivir en armonía con la naturaleza porque somos naturaleza”.

José Luis Sampedro
Economista y escritor español

Por la tarde fui a nadar

Rusia y Ucrania pelean por Crimea.

Mu bien

Es muy interesante esto de la patria, aprendes que existe eso de la identidad